España no es lugar para lobos.

 

La fauna, la naturaleza, la conservación de los animales salvajes que poblaron Hispania se encuentra en un momento de inflexión que puede producir que de una parte se produzca la extinción total de algunas especies y, de otra, que su conservación lo sea a través de reductos acotados para su supervivencia. La cohabitación de la fauna salvaje de España con el hombre es difícil en un territorio tan antropizado.

A pesar de que actualmente ya hay corrientes de opinión y concienciación en materia medioambiental, queda un largo recorrido para que exista una apuesta verdadera por la protección de los recursos naturales y las distintas especies de fauna y flora. Los movimientos de cambio siempre vienen de la ciudadanía, pero ésta se encuentra muy dividida aún entre lo rural y lo urbano, una brecha que antes no existía como la conocemos ahora. Los habitantes de las megalópolis no están en contacto directo con el medio natural; sin embargo, siguen corrientes ecologistas y se pronuncian con fuerza hacia el proteccionismo de las especies. En el otro “bando” está la España vaciada, donde vive el sector primario, ganaderos y agricultores, cada vez más perjudicados por las políticas de intensificación de sus explotaciones y una burocratización del sistema asfixiante.

 

El mundo rural y el mundo urbano reclaman al Gobierno, y a los Virreinos, las CCAA, medidas antagónicas, unos quieren proteger la fauna salvaje y otros los controles poblacionales de algunas especies molestas para la ganadería y la agricultura. Se fragua un movimiento mayoritario de protección del medio ambiente, pero aún no hay las herramientas de gestión pública para que haya planes de gestión de fauna eficaces y que garanticen el patrimonio natural de todos como un bien público global y no de ciertas comunidades autónomas.

Cantabria, por ejemplo, siempre fue conocida como la pequeña Suiza, su especial orografía de valles y montañas configuran un territorio rico y con grandes posibilidades de crecimiento. Sin embargo, con la llegada de la época democrática Cantabria se estancó y admitió, con alguna protesta, la desindustrialización de las ya pocas fabricas que existían en Corrales de Buelna y Reinosa. Hablamos de la época de Felipe González y nuestra entrada en la Comunidad Europea con fórceps… Corría la primavera de 1987.

La consecuencia fue la desaparición del obrero mixto, industrial y ganadero, y el PIB de Cantabria retrocedió, pero de ese tema y de la clase política dominante extractiva y del mediático Revilla, todo un hito histórico en Cantabria, hablaremos en otra ocasión. En Cantabria, como he dicho líneas más arriba, por su especial orografía es reducto de especies emblemáticas de la fauna ibérica como el lobo, el zorro, el oso etc. De todas ellas, es el lobo quien ocupa y alimenta pasiones e historias de terror, de la España profunda. El hombre siempre fue enemigo del lobo por más que San Francisco de Asís le llamase hermano.

Legalidad e intereses contrapuestos

Con las modas del ‘trekking’ la fauna salvaje y el lobo han tenido que vivir la invasión del “urbanita” que huye de las ciudades y se adentra en los montes con el nombre de senderista y mochila al hombro. Actualmente, esta corriente de moda, con permiso de la Administración, pulula por nuestros montes sin existir una gestión ordenada. En Cantabria, en estos últimos años se produjeron unos diálogos en torno al Plan de Gestión del Lobo, por ser una especie problemática que afecta a los intereses de los ganaderos.

En el periódico digital Cantabria Liberal se ha denunciado el furtivismo y recogido en un amplio informe que se tituló, Presunto caso de furtivismo: una loba aparece con un lazo y sin cabeza en Rioseco (Cantabria) Han transcurrido cuatro años del acuerdo de consenso para desarrollar y aprobar el Plan de Gestión del lobo en Cantabria, en el que medios de comunicación nacionales y regionales tildaron de histórico un documento que integraba las posturas de todas las partes afectadas por la problemática del lobo: ganaderos, ecologistas y cazadores.

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